Entre Tierra del Fuego y la Antártida, un refugio para la naturaleza


Dependientes de la Administración de Parques Nacionales, las Áreas Marinas Protegidas son aquellas zonas oceánicas en las que sus aguas, vegetales, animales, historia y cultura asociados se encuentran resguardadas por ley. Son herramientas de conservación y manejo de ecosistemas, en las que, lejos de prohibir toda actividad, deben ser zonificadas para favorecer la biodiversidad y el patrimonio cultural marino, proteger especies y ambientes amenazados, recuperar áreas degradadas y stocks pesqueros sobreexplotados, asegurar espacios de regeneración permanente, desarrollar marcas de turismo y de pesca responsable y estimular el conocimiento científico.


En diciembre de 2018, el Congreso de la Nación creó por ley dos nuevas áreas marinas protegidas: Yaganes y Namuncurá-Banco Burdwood II, que abarcan en conjunto alrededor de 98.000 kilómetros cuadrados. Hasta ese momento, Argentina solo contaba con Áreas Costeras Protegidas.


Área Yaganes


Se encuentra al sur de la Isla de Tierra del Fuego y de la isla de los Estados, en el área geográfica del Pasaje de Drake, en el extremo sur de la Zona Económica Exclusiva argentina. Cuenta con dos sectores que suman cerca de 68.500 kilómetros cuadrados y es el área de conexión física y biológica entre los océanos Pacífico y Atlántico


En cuanto a lo bentónico (los organismos que habitan el fondo de los ecosistemas acuáticos), Yaganes se distingue por involucrar ambientes marinos del talud continental y cuencas oceánicas de grandes profundidades (más de 4.000 metros). Entre los valores de conservación destacados del área, se destacan los corales de agua fría agrupados en jardines y con una gran variedad de fauna asociada, como esponjas, anémonas, cefalópodos, equinodermos y peces. Asimismo, el área comprende áreas de desove y cría de especies de interés comercial (la merluza austral, la merluza de cola y la merluza negra).


Entre las especies pelágicas (las que viven en aguas medias o cerca de la superficie), se encuentran aves marinas (albatros cabeza gris, albatros errante, petrel barba blanca y pingüino penacho amarillo) mientras que entre los mamíferos están el elefante marino del sur de Península Valdés, el delfín cruzado, ballenas Sei y Fin, cachalotes y orcas.


Área Namuncurá-Banco Burdwood II


Abarca la zona del talud austral del Banco Burdwood, a unos 150 km al este de la Isla de los Estados y a 200 km al sur de las Islas Malvinas, con una superficie aproximada de 26.700 kilómetros cuadrados.


Recientes investigaciones identificaron entre la fauna bentónica “bosques animales”, diversos tipos de corales distribuidos a partir de los 120 metros de profundidad. También es una zona clave para el desove y cría de la sardina fueguina, peces de fondo y varias especies de rayas.


En cuanto a lo pelágico, Namuncurá-Banco Burdwood II es Área de Importancia para la Conservación de Aves Marinas (AICA), con la presencia de albatros ceja negra, albatros errante, petrel barba blanca y pingüino Rey, entre otras aves marinas.Además, se encuentran ejemplares adultos del elefante marino del Sur (llegados de las islas Georgias del Sur y de Península Valdés), el delfín cruzado, el cachalote y la ballena Fin.


Desde hace poco más de un año, María Mercedes Santos -bióloga y doctora en Ciencias Naturales- es la directora Nacional de Áreas Marinas Protegidas.


Nacida en Azul, provincia de Buenos Aires, estudió Biología en la Universidad Nacional de La Plata. “En un momento no estaba muy convencida de si era mi vocación -confiesa Santos-. Hasta que al cursar la materia de Ornitología, el profesor hablaba de la Antártida y los pingüinos con tanta pasión que me dije: ‘Esto es para mí’”.


Al recibirse, Mecha -como la conocen todos- obtuvo una beca del Conicet que le abrió las puertas para ingresar como investigadora en el Instituto Antártico Argentino. “Una cosa es estudiar y otra hacer el trabajo de campo. Cuando fui a la Antártida la primera vez, en el 2002, me voló la cabeza, me encantó, cambió mi vida”, cuenta con la misma pasión que tenía su profesor, lo que explica por qué viajó 16 veces a la Antártida.


La vida en el Continente Blanco



Santos tuvo como primeros destinos las bases Carlini -está en las islas Shetland del Sur y entonces todavía se llamaba Jubany- y Primavera, “uno de los sectores más hermosos de la península antártica”, revela la bióloga. “Después estuve en Esperanza, en Marambio, en Comandante Ferraz -una base brasileña en las Shetland-, en la Base Brown, que está más al sur”.


“Mi primera campaña fue en el 2002; por suerte las cosas hoy cambiaron mucho en cuanto a la inserción de las mujeres en las investigaciones en la Antártida, y eso que en el 2002 las condiciones ya eran muy diferentes a campañas anteriores. El territorio antártico siempre fue una cuestión más de mayor visibilidad para los hombres; hoy son muchas las mujeres que trabajan allá”.


Además de su tarea en el Instituto Antártico Argentino, Mercedes participó de un documental sobre áreas marinas protegidas para National Geographic e integró un foro internacional de conservación de recursos vivos marinos donde empezó a desarrollar una propuesta de conservación para el oeste de la península antártica, en conjunto con Chile. “Como se sabe, en la Antártida ningún país ejerce soberanía unilateralmente por lo que todas las decisiones se toman en conjunto por los países que están en ese continente”.



-Doctora Santos, ¿qué es un Área Marina Protegida (AMP)?


-Es una zona que se establece con distintos objetivos de protección, como recuperar un área degradada, alguna especie que está amenazada o monitorear su hábitat. En definitiva, el amplio objetivo es la conservación de la biodiversidad. Las AMP Yaganes y Namuncurá-Banco Burdwood II se suman a las 61 áreas protegidas costero marinas de Argentina, que se encuentran en parques nacionales, reservas provinciales y municipales, reservas de biósfera y sitios Ramsar. En Banco Burdwood hay una gran fauna bentónica (la que se encuentra en el fondo del mar) con corales y estrellas de mar, además de aves, mamíferos y peces de gran valor comercial como la merluza o merluza negra.


-¿Cuáles son las principales amenazas para la biodiversidad de la región?


-Por suerte no es una zona que haya sido tremendamente depredada. Entre los peligros están las redes de pesca de arrastre que van por el fondo, que no discriminan qué recogen, y son muy perjudiciales para la fauna bentónica. Otras amenazas son la sobrepesca; la aparición de especies que no son autóctonas y cambian las condiciones del lugar; la actividad sísmica; la contaminación, por ejemplo, de los microplásticos; y, por supuesto, los efectos del cambio climático con el aumento de temperatura de las corrientes y la forma que afecta a la vida del área.


De todos modos aclaro que no es que en las áreas marinas protegidas no se puede a pescar o hacer turismo pero sí que deben ser actividades reguladas.


-¿Cuáles son los cambios que se aprecian en los últimos años?


-En la Antártida es donde se han registrado la mayor cantidad de transformaciones como producto del calentamiento. Se han visto retrocesos de glaciares, mayor frecuencia tormentas grandes, acumulaciones de nieve o mucha lluvia en el verano. Todo eso afecta a los ciclos de vida de las especies.


Por ejemplo, yo trabajé con pingüinos y a partir del 2007 vimos un aumento en la frecuencia de tormentas y acumulación de nieve que impactaron directamente en el período de incubación, con la obvia disminución del número de ejemplares.


-Cuando vuelva la normalidad postpandemia, ¿qué proyectos tiene su dirección para las Áreas Marinas Protegidas?


-Apenas se pueda viajar, queremos iniciar una campaña de investigación a fin de darle impulso a la ciencia: Monitorear la zona, tomar registros biofísicos para ver cómo son las condiciones dentro y fuera del área. Después toda esa información recabada debe estar sistematizada en un solo lugar dentro de la órbita de Parques Nacionales incorporando, por ejemplo, los trabajos ya realzados por el CADIC (Centro Austral de Investigaciones Científicas), con sede de Ushuaia y que depende del Conicet.


-¿Qué experiencias internacionales hay con respecto a la implementación de Áreas Marinas Protegidas?


-En Latinoamérica, además de Argentina, Chile tiene varias áreas marinas protegidas. Pero el país emblemático en el cuidado de AMP es Australia, pionero en la protección de los corales. Actualmente se está logrando una mirada global para reconocer que el planeta ha sido degradado por malas prácticas o por el cambio climático y que es necesario mantener un ecosistema sano.


-Mercedes, con tantos años en contacto con la naturaleza, ¿qué lugares le gustaría visitar o en los que quiera trabajar?


-A ver… Como la mayoría de mis últimos veinte veranos los pasé en el frío antártico, me encantaría viajar a Catamarca, algo bien distinto, por cierto. De la Antártida, anhelo conocer el Mar de Ross, bien al oeste de la península, que tiene una inmensa área marítima protegida de más de un millón de kilómetros cuadrados. Y como un sueño, consensuar un área marina en la península antártica, claro que para eso deberían ponerse acuerdo 25 países más la Unión Europea.

logo-you.png
twitch-logo.png