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Lanzan una edición especial de "Las venas abiertas de América Latina"


El clásico de la izquierda latinoamericana cumple cincuenta años. “La división internacional del trabajo consiste en que unos países se especializan en ganar y otros en perder. Nuestra comarca del mundo, que hoy llamamos América Latina, fue precoz: se especializó en perder desde los remotos tiempos en que los europeos del Renacimiento se abalanzaron a través del mar y le hundieron los dientes en la garganta”. Así comienza Las venas abiertas de América Latina, libro que Eduardo Galeano publicó en 1971, cuando tenía 31 años. Sabía que podía resultar “sacrílego que este manual de divulgación hable de economía política en el estilo de una novela de amor o de piratas”. Esa irreverencia en la forma quizá sea la clave de la fascinación que fue provocando en los lectores de distintas generaciones. Para celebrar este aniversario, la editorial Siglo XXI lanzó una reedición especial con excepcionales viñetas de Tute. El próximo 13 de abril se cumplirán seis años de la muerte del escritor uruguayo y para acompañar el lanzamiento la editorial compartirá durante todo el mes videos de referentes de la cultura leyendo fragmentos de la obra. El primero de estos famosos lectores es el cantautor catalán Joan Manuel Serrat.


Historia del saqueo


“Es América Latina, la región de las venas abiertas”, advierte Galeano en “Ciento veinte millones de niños en el centro de la tormenta”, título de la introducción del libro. “Desde el descubrimiento hasta nuestros días, todo se ha trasmutado siempre en capital europeo o, más tarde, norteamericano, y como tal se ha acumulado y acumula en los lejanos centros de poder. Todo: la tierra, sus frutos y sus profundidades ricas en minerales, los hombres y su capacidad de trabajo y de consumo, los recursos naturales y los recursos humanos (…) Para quienes conciben la historia como una competencia, el atraso y la miseria de América Latina no son otra cosa que el resultado de su fracaso. Perdimos; otros ganaron”, se lee en este libro donde el autor analiza la historia de la explotación económica y la dominación política a la que fue sometida la región, desde la colonización europea hasta la década del 70 del siglo XX.

En las más de 480 notas del libro se puede rastrear las eclécticas fuentes utilizadas por Galeano; hay textos leídos y citados de Alexander Von Humboldt, Domingo F. Sarmiento, Bartolomé Mitre, José María Rosa, Tulio Halperin Donghi, Celso Furtado, Fernando Ortiz, Gregorio Selser, José Carlos Mariátegui, José Luis Busaniche, Darcy Ribeiro, Dardo Cúneo, Raúl Scalabrini Ortiz, Jorge Abelardo Ramos, José Hernández, Rodolfo Ortega Peña, Rogelio García Lupo y Karl Marx y su famoso “Discurso sobre el libre cambio”, en Miseria de la filosofía, entre otros. La literatura latinoamericana también es una fuente para el escritor uruguayo, que recupera aspectos de las obras de los escritores cubanos Miguel Barnet (Biografía de un cimarrón) y Alejo Carpentier (El reino de este mundo), del peruano Mario Vargas Llosa (La casa verde) y del guatemalteco Miguel Ángel Asturias con su trilogía Viento fuerte (1950), El papa verde (1954) y Los ojos de los enterrados (1960), tres libros en los que aparece la explotación de los trabajadores en las plantaciones de banana y cómo Guatemala es sometida por la norteamericana United Fruit Company.


Han pasado cincuenta años desde la publicación de Las venas abiertas de América Latina, libro que, según el propio autor, había sido escrito “para conversar con la gente” y divulgar “ciertos hechos que la historia oficial, historia contada por los vencedores, esconde o miente”. Galeano recuerda en el epílogo añadido “Siete años después” que la respuesta más estimulante no surgió de las páginas literarias de los diarios, sino de algunos episodios ocurridos en la calle: la muchacha que iba leyendo el libro para su compañera de asiento y terminó parándose y leyendo en voz alta para todos los pasajeros mientras el ómnibus atravesaba las calles de Bogotá; o la mujer que escapó de Santiago de Chile con el libro envuelto entre los pañales del bebé; o el estudiante que durante una semana recorrió las librerías de la calle Corrientes, en Buenos Aires, y lo fue leyendo de a pedacitos, de librería en librería, porque no tenía dinero para comprarlo. El escritor uruguayo decía que los comentarios más favorables no los recibió de ningún crítico de prestigio, sino de las dictaduras militares que lo elogiaron prohibiéndolo: “No puede circular en mi país, Uruguay, ni en Chile, y en la Argentina las autoridades lo denunciaron, en la televisión y los diarios, como un instrumento de corrupción de la juventud. ‘No dejan ver lo que escribo’, decía Blas de Otero, ‘porque escribo lo que veo’”.

Julio Cortázar contó que cuando terminó de escribir Rayuela pensó que había escrito un libro de un hombre de su edad para lectores de su edad. La gran maravilla fue que esa novela, cuando se publicó en Argentina y en toda América Latina, encontró sus lectores en los jóvenes, en quienes no había pensado. Quizá con Galeano y Las venas...suceda algo parecido. El uruguayo tenía 31 años cuando publicó el libro que resultó un tanto incómodo para la propia izquierda latinoamericana a la que estaba dirigida. En El cazador de historias, libro póstumo publicado en 2016, un año después de la muerte de Galeano, el propio escritor confesaba: “En 1970, presenté Las venas abiertas de América Latina al concurso de Casa de las Américas, en Cuba. Y perdí. Según el jurado, ese libro no era serio. En el 70, la izquierda identificaba todavía la seriedad con el aburrimiento”.


El círculo vicioso


A Galeano se le hacía “cuesta arriba” leer algunas obras valiosas de ciertos sociólogos, politólogos, economistas o historiadores escritas en código. “El lenguaje hermético no siempre es el precio inevitable de la profundidad. Puede esconder simplemente, en algunos casos, una incapacidad de comunicación elevada a la categoría de virtud intelectual.


Sospecho que el aburrimiento sirve así, a menudo, para bendecir el orden establecido: confirma que el conocimiento es un privilegio de las élites”, plantea Galeano en “Siete años después”, un texto que escribió en el exilio de Calella (Barcelona) en abril de 1978. Pero también le pasaba algo parecido con “cierta literatura militante dirigida a un público de convencidos”. “Me parece conformista, a pesar de toda su posible retórica revolucionaria, un lenguaje que mecánicamente repite, para los mismos oídos, las mismas frases hechas, los mismos adjetivos, las mismas fórmulas declamatorias. Quizás esa literatura de parroquia esté tan lejos de la revolución como la pornografía está lejos del erotismo”, compara el escritor uruguayo.


Hay fragmentos del libro que parecen escritos en 2021, como si Galeano hubiera tenido la capacidad de poner el dedo en la llaga de una permanencia dolorosa. “El FMI y el Banco Mundial ejercen presiones cada vez más intensas para que los países latinoamericanos remodelen su economía y finanzas en función del pago de la deuda externa. El cumplimiento de los compromisos contraídos, clave de la buena conducta internacional, resulta cada vez más difícil y se hace al mismo tiempo más imperioso (…) Es el círculo vicioso de la estrangulación: los empréstitos aumentan y las inversiones se suceden y en consecuencia crecen los pagos por amortizaciones, intereses, dividendos y otros servicios; para cumplir con esos pagos se recurre a nuevas inyecciones de capital extranjero, que generan compromisos mayores, y así sucesivamente”.


En Las venas, como asumía el propio autor, el pasado aparece convocado por el presente. “Este libro es una búsqueda de claves de la historia pasada que contribuyen a explicar el tiempo presente, que también hace historia, a partir de la base de que la primera condición para cambiar la realidad consiste en conocerla –propone Galeano-. Las venas proviene de la realidad, pero también de otros libros, mejores que este, que nos han ayudado a conocer qué somos, para saber qué podemos ser, y que nos han permitido averiguar de dónde venimos para mejor adivinar adónde vamos. En este mundo nuestro, mundo de centros poderosos y suburbios sometidos, no hay riqueza que no resulte, por lo menos, sospechosa”. Ese tiempo presente se extiende durante cincuenta años. “La industrialización dependiente agudiza la concentración de la renta, desde un punto de vista regional y desde un punto de vista social. La riqueza que genera no se irradia sobre el país entero ni sobre la sociedad entera, sino que consolida los desniveles existentes e incluso los profundiza (…) Son los estratos más altos de la pirámide social los que recogen los frutos, amargos para muchos, de los aumentos de la productividad”, precisa Galeano.


Un libro que no para de venderse


A fines de los años ochenta, Carlos Díaz, el director editorial de Siglo XXI, tenía quince años cuando tuvo su primer trabajo en un stand de la Feria del Libro. “Como era muy pibe, me pusieron a cuidar la mesa donde estaban todas las novedades y los libros más llamativos. Mi trabajo era cuidar que no se los robaran y reponer lo que se vendía. Y veía que había un libro que no paraba de venderse y todo el tiempo tenía que reponerlo. A la noche cuando volví a casa, les dije a mis viejos: hay un libro que no para de venderse, que es impresionante, Las venas abiertas de América Latina. Mi viejo (Alberto Díaz), que había estado involucrado en la primera edición del libro, me contó quién era Galeano y por qué era importante el libro”, recuerda Díaz a Página/12. Entonces, mientras trabajó en la Feria del Libro, Díaz aprovechaba cuando le tocaba el turno para ir a comer y se llevaba el libro para leerlo. “Me acuerdo que en un momento me puse ansioso porque quería llegar al siglo XX y me salteé la etapa colonial para llegar al siglo XX. El libro me fascinó, me lo devoraba en mis ratos de comida. Tal vez había cosas que no entendía, pero era tan entretenido, tan lindo, que seguía avanzando. Nunca me imaginé que muchos años después iba a terminar teniendo un vínculo con Galeano”, dice el director editorial de Siglo XXI.

A Díaz le encanta el planteo de Galeano cuando dice que a pesar de ser un libro de historia, de economía, de política, Las venas se lee como una historia de amor o de piratas. “En la referencia a la división internacional del trabajo que consiste en países que ganan y países que pierden se ve el espíritu del libro. Hay que remontarse a la década del 70, donde a veces el hiper academicismo era tan sofisticado y complejo que volvía ininteligible para mucha gente los problemas que trataba. Eduardo renegaba de eso. Al mismo tiempo tampoco tenía una posición anticademicista, para nada. Él renegaba mucho del izquierdismo medio berreta, panfletario, de decir consignas que de tanto repetirse se vuelven huecas y ya no sabés de qué estás hablando, que empobrecen el pensamiento. Él logró hacer un libro que se nutrió de textos académicos, pero también de otras historias y del saber popular, y pudo generar un libro muy especial que reflejaba lo que era el mundo de esa época”, reflexiona el editor de Galeano y menciona que en el epílogo “Siete años después” el escritor uruguayo subraya que “el sistema ha multiplicado el hambre y el miedo; que la riqueza continúa multiplicándose y la pobreza difundiéndose”.


“Si tuvieras que pensar en siete años cómo vas a describir el futuro de Argentina o de América Latina, no va a ser muy distinto –aclara Díaz-. Eduardo está dolido porque dice que pasaron siete años de la publicación del libro y las cosas siguen igual. Yo creo que en los setenta se inauguró una etapa de la historia que todavía no terminó y eso sigue vigente hoy, cincuenta años después de escrito y publicado el libro. Lo bien escrito que está, lo entretenido que es y la vigencia de los problemas que toca explican su vigencia y por qué sigue siendo un gran éxito. Eduardo odiaba que hablaran de cuántas ediciones llevaba publicadas, de cuántos volúmenes vendió, porque le parecía que era como prostituirlo, pero a él le encantaba las aventuras en torno al libro. Cualquier historia que se enteraba le fascinaba. El éxito fue el boca en boca y cómo sigue leyéndose con pasión”.


En abril de 2009, durante la Quinta Cumbre de las Américas, el entonces presidente de Venezuela Hugo Chávez le regaló un ejemplar de Las venas abiertas de América Latina a su colega estadounidense, Barack Obama. En apenas veinticuatro horas, la obra de Galeano saltó desde la posición 60.280 de los libros más vendidos en el sitio web de Amazon al puesto diez. En abril de 2014, un año antes de su muerte, el escritor uruguayo participó de la II Bienal del libro y la lectura en Brasilia. “No volvería a leer Las venas abiertas de América Latina, porque si lo hiciera caería desmayado”. La confesión sorprendió a más de uno. “Fue una declaración que se interpretó de manera maliciosa por gente que no lo quería bien a Eduardo, que les encantó ver ahí la posibilidad de destruir una de las obras más simbólicas de la izquierda latinoamericana”, reflexiona Díaz sobre el impacto que generó esa declaración.


“A Eduardo le pasaban cosas muy humanas con el libro. Obviamente que lo adoraba, era importantísimo para él, pero lo escribió cuando tenía 31 años. No volvió a hacer un libro como Las venas y se fue volcando cada vez más hacia el microrrelato, a historias más pulidas, más trabajadas, condensando el contenido y la escritura. En ese sentido él hace referencia a que hay cosas que las hubiera hecho de otra manera. Algunos aprovecharon esas declaraciones a la ligera y un poco ambiguas para tratar de defenestrar un libro que es todo un símbolo de la izquierda latinoamericana”, agrega el director editorial de Siglo XXI.


Las últimas líneas del libro de Galeano son una invitación abierta y una cuenta pendiente: “Es mucha la podredumbre para arrojar al fondo del mar en el camino de la reconstrucción de América Latina. Los despojados, los humillados, los malditos tienen, ellos sí, en sus manos, la tarea. La causa nacional latinoamericana es, ante todo, una causa social: para que América Latina pueda nacer de nuevo, habrá que empezar por derribar a sus dueños, país por país. Se abren tiempos de rebelión y de cambio. Hay quienes creen que el destino descansa en las rodillas de los dioses, pero la verdad es que trabaja, como un desafío candente, sobre las conciencias de los hombres”.

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