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Un videopoema es una de las primeras obras de criptoarte en Argentina


Comenzaron por entender frases simples y las terminaron por traducir a múltiples idiomas. Hoy son capaces de procesar millones de datos en un soplido y derrotar a cualquier adversario en los juegos de estrategia. Pero la automatización no se limita a las tareas profesionales, sino que también llega al mundo del arte.


Buscando un nexo entre el circuito de las máquinas y el pensamiento humano, Matías Buonfrate se propuso crear poesía utilizando la tecnología como fuente de inspiración.


“Al principio fue una necesidad, estaba bastante abocado a un curso de programación intensivo y no tenía tiempo para escribir. Así que empecé a ver de qué modo las herramientas que estaba aprendiendo podían ayudarme. Ahí empezaron los primeros experimentos en donde combinaba discursos de Sarmiento, poesía contemporánea, entrevistas a Ricky Centurión o manuales de veterinaria”, sostiene Buonfrate.


En este trazo cibernético, el videopoema Noposeas1miedo, recrea la voz de una inteligencia artificial a partir de la combinación de textos sobre Alan Turing y la filosofía de Donna Haraway.


“El resultado es una gramática impronunciable para los humanos, un trabalenguas que solo puede recitar un sintetizador de voz”, reconoce Buonfrate.


Además, Noposeas1miedo es una de las primeras obras de arte tokenizadas de Argentina. “Es una copia digital única y original que no puede falsificarse”, explica Buonfrate.


Se encuentra publicado como token no fungible en la plataforma Mintable, un mercado de bienes culturales cifrados en blockchain e intercambiables por criptomonedas.


“El objetivo es generar una copia 'certificada' dentro del universo digital. En cierta forma, es un proceso técnico que le asigna 'originalidad' a algo inmaterial que no podría tenerlo. Esto conlleva ciertas posibilidades, como la participación en un mercado e intercambiar una obra copiable y pegable, por dinero”, señala.

Y aunque para muchos esto suene como un lenguaje inalcanzable, acceder a una plataforma NFT (token no fungible) es más simple de lo que uno supone.

“Existen algunas opciones que facilitan el proceso. Rarible y Mintable son dos de las más conocidas, supongo que aparecerán varias nuevas. Lo que hacen es generar en favor de uno un token especial de la red de blockchain ethereum. Es casi como subir un archivo a una red social”, advierte Buonfrate.


Algorítmos poéticos


Otro de los mitos en circulación es que los algoritmos son elementos alejados de la comprensión analógica.


“AlphaGo es una IA imbatible al Go, un juego de mesa que por su variabilidad extrema era considerado poesía. A su última iteración no le puede ganar ninguna persona humana, ni siquiera otras IA o sus propios predecesores informáticos. En el documental sobre el tema se ve que juega con cierta perspicacia y que realiza jugadas con personalidad”, comenta.


Y aunque de momento las máquinas tienen todavía muchos problemas para sostener la coherencia más allá de determinado número de palabras, en algún momento lograrán superar esta barrera técnica.


Puede interpretar texto y responder como personajes, sostener chats, programar, pero no escribir un cuento. Hay desarrollos académicos de 'creatividad computacional', una rama de las ciencias de la computación, que intentan solventar esto, combinando narratología y plantillas generadores de texto. Todavía no hay un logro conciso, aunque los avances son permanentes”, explica.


El académico y crítico literario canadiense Peter Swirski asegura que, no importa cuánto avance esto, pero como la IA no tienen capacidad de proponer temas o buscar sus propios intereses, están sujetas a lo humano.


Ver la cuestión como un partido de fútbol entre humanidad y computadoras estanca el análisis. Hoy por hoy las máquinas nos superan en lo que son mejores, combinar y producir a mansalva. Por ejemplo, hay un bot de twitter (Magic realism bot) que tira una sinopsis para cuento cada 5 minutos, creadas algorítmicamente. ¡Son todas muy buenas! La gran mayoría no se le ocurrieron a una persona humana, pero las podría usar para empezar un cuento o una novela”, resume Buonfrate.